CorrÃa la década de los ochenta y el mundo estaba cambiando a golpe de bit. Por aquel entonces, la informática no era algo cotidiano que llevábamos en el bolsillo; era una promesa, una aventura que se asomaba tÃmidamente en las aulas de informática o en los estantes de las tiendas especializadas. Para muchos de nosotros, esa época estuvo marcada por una lectura casi religiosa de revistas como MicromanÃa o Input MSX. Devorábamos cada página, analizábamos cada captura de pantalla y memorizábamos unas especificaciones técnicas que hoy nos parecerÃan de juguete, pero que en aquel momento representaban la vanguardia absoluta. Sin embargo, entre todas esas páginas, siempre habÃa máquinas que se nos escapaban. Equipos que, por su precio, por su enfoque profesional o simplemente porque el destino no lo quiso asÃ, se quedaron grabados en nuestra memoria como objetos de deseo inalcanzables. Eran esos ordenadores que veÃas en casa del 'amigo con suerte' o que contemplabas tras un escaparate, imaginando qué serÃas capaz de hacer si pudieras poner tus manos sobre su teclado. Hoy, después de mucho tiempo, he decidido echar la vista atrás y compartir con vosotros mi lista personal. No son solo máquinas de plástico y metal; son cuatro iconos de los ochenta que definieron una forma de entender la tecnologÃa y que, a dÃa de hoy, sigo considerando mis grandes asignaturas pendientes. Cuatro sistemas que siempre quise tener, que nunca tuve, y que hoy, por fin, vamos a recordar juntos.
¿Estás preparado para este viaje al pasado? Vamos a descubrir cuáles son mis cuatro mitos personales de la edad de oro de la informática.