Lo que parece una simple caja de bombones es, en realidad, una cápsula del tiempo. En su interior no hay dulces, sino microprocesadores históricos: pequeños chips que, en su momento, fueron auténticos cerebros electrónicos. Cada uno de ellos marcó un antes y un después en la informática: desde los primeros pasos de la computación personal hasta la base de los ordenadores que muchos tuvimos en casa. Son piezas diminutas, pero con un impacto enorme, responsables de que hoy hablemos de ordenadores, videojuegos, software y tecnología tal y como la conocemos.
Guardarlos así no es casualidad: igual que un bombón se saborea despacio, estos microprocesadores merecen ser observados con calma, entendiendo su contexto, su época y la revolución que iniciaron. Porque aquí no hay nostalgia vacía: hay historia, ingeniería y mucha pasión por la retroinformática.